Para nada. No buscamos a alguien que ya haya organizado marchas o que tenga un CV de activista. Buscamos a alguien que tenga ganas, que vea algo en su comunidad que le incomode o le importe, y que quiera hacer algo al respecto. Si eso suena a ti, ya tienes lo más importante.
Las ideas pequeñas son las que cambian las cosas. No te pedimos que resuelvas la desigualdad en tres meses. Te pedimos que pienses en algo concreto, cercano y tuyo. El laboratorio existe exactamente para ayudarte a darle forma a eso, sea del tamaño que sea.
Eso es un punto de partida perfecto. De hecho, muchos de los mejores proyectos empiezan exactamente ahí: en una incomodidad que no tiene nombre todavía. En la primera sesión vamos a ayudarte a nombrarla.
No. El laboratorio no es un concurso de oratoria ni una competencia de quién tiene más ideas. Hay espacio para quienes prefieren escuchar antes de hablar, para quienes piensan mejor escribiendo, y para quienes necesitan un momento antes de compartir algo. Lo que sí te pedimos es que estés presente — a tu manera.
La lista es orientativa, no excluyente. Si vives en otra zona de la CDMX o del Estado de México y sientes que este espacio es para ti, aplica. Lo que más nos importa es el compromiso y el contexto comunitario, no la dirección exacta.
Nada. El laboratorio es completamente gratuito. No hay inscripción, no hay materiales que comprar, no hay cuota de participación. Lo único que necesitas es un dispositivo con internet y ganas de estar.
Las notificaciones de selección se envían entre el 22 y el 26 de junio. Si no recibes nada antes del 27, escríbenos directamente. A veces los correos se pierden en el spam y preferimos que nos digas a que te quedes con la duda.
Nos va a pesar mucho decirte que no, y lo decimos en serio. Los lugares son limitados (entre 12 y 15) y eso significa que vamos a tener que dejar fuera a personas que merecen estar. Si no quedas esta vez, vamos a buscar la manera de mantenerte en el radar de FARO para próximas iniciativas.
Buscamos un grupo diverso: diverso en territorios, en temas de interés, en identidades. Los criterios principales son:
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Pertenecer a alguno de los grupos prioritarios (mujeres, LGBTQ+, indígenas/afrodescendientes, migrantes).
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Vivir en la CDMX o el Estado de México.
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Tener disponibilidad para asistir al 80% de las sesiones.
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Que tu descripción del proyecto o de tu motivación nos diga algo sobre cómo piensas y qué te mueve.
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Absolutamente nada malo. La primera sesión existe precisamente para que te vayas sintiendo cómoda/o/e. No vas a ser evaluada/o/e por cuánto hablas el primer día. Puedes participar escribiendo en el chat, en el tablero digital, o simplemente escuchando. El espacio se va construyendo poco a poco.
Las sesiones tienen contenido conceptual, sí, pero siempre aterrizado en la práctica y en los contextos reales de quienes participan. No es una clase universitaria. Es más parecido a un taller donde la mitad del tiempo estás haciendo algo con tus propias manos — o en este caso, con tu propia historia.
No necesariamente antes, pero la primera sesión está diseñada exactamente para eso: para que se conozcan de verdad, no solo por nombre. Hay una dinámica territorial al inicio que suele romper el hielo bastante rápido.
Preferimos que la cámara esté encendida porque el contacto visual construye mucho del vínculo grupal, especialmente en formato virtual. Pero entendemos que a veces no es posible por privacidad, por conectividad o por cómo se siente alguien ese día. Si necesitas apagar la cámara, no tienes que pedir permiso ni dar explicaciones.
Pregunta. En serio. No hay preguntas tontas en este espacio y si algo no quedó claro probablemente más de una persona tiene la misma duda y nadie la está diciendo. Además, cada sesión tiene una persona de apoyo cuya función es exactamente esa: ayudar a que nadie se quede atrás.
Absolutamente nada malo. La primera sesión existe precisamente para que te vayas sintiendo cómoda/o/e. No vas a ser evaluada/o/e por cuánto hablas el primer día. Puedes participar escribiendo en el chat, en el tablero digital, o simplemente escuchando. El espacio se va construyendo poco a poco.
Para eso existen las sesiones de seguimiento. Son espacios justamente diseñados para destrabar: puedes llegar con tu bloqueo, compartirlo con el grupo o con el equipo de FARO, y entre todas buscar por dónde seguir. Atascarse no es fracasar: es parte del proceso.
Puede pasar. Trabajar con problemáticas de tu comunidad significa tocar cosas que te importan y a veces que te duelen. Si en algún momento necesitas pausar, salir un momento o simplemente no participar en un ejercicio específico, puedes hacerlo sin dar explicaciones. El equipo de FARO está atento a eso y los acuerdos de cuidado que construyan en la primera sesión son para que este espacio sea seguro para todas.
Sí. Los acuerdos de convivencia que el grupo construye en la primera sesión incluyen confidencialidad: lo que se dice en el espacio, se queda en el espacio. El equipo de FARO también está sujeto a eso. Lo que sí vamos a sistematizar, con tu consentimiento, son los proyectos para la memoria del laboratorio — pero eso se hace de forma colectiva y siempre con conocimiento de todas.
El compromiso es asistir al 80% de las sesiones, que equivale a no perderte más de una o dos. Si sabes de antemano que no vas a poder estar, avísanos con tiempo para que podamos apoyarte con lo que te perdiste. Si algo inesperado te impide conectarte, también escríbenos: preferimos saber a que desaparezcas y no sepamos cómo estás.
Sí. Cada integrante de FARO acompaña hasta tres proyectos durante el laboratorio, lo que incluye estar disponible para dudas fuera de las sesiones. No tienes que esperar al siguiente sábado para desatascarte.
Normal. Completamente normal. La sesión de seguimiento justo antes del encuentro existe para ensayar y para prepararte emocionalmente, no solo en contenido. El día del encuentro vas a llegar habiendo practicado ya lo que vas a decir. Y el púnico, cuando está mezclado con que algo te importa de verdad, a veces suena como pasión desde afuera.
No hay formato obligatorio. Puedes presentar con diapositivas, con un cartel, con un objeto que represente tu comunidad, con una historia oral o como mejor se adapte a ti y a tu proyecto. Lo único que pedimos es que dure alrededor de 5 minutos y que cuente tu causa.
El laboratorio cierra en septiembre, pero FARO no desaparece. Vamos a sistematizar todos los proyectos en una memoria y en un fanzine que va a circular. Además, el grupo que se forma en un proceso así suele quedarse: las alianzas entre participantes a veces son las más valiosas de todo el laboratorio.
Sí. Al terminar el laboratorio recibes una constancia de participación emitida por FARO. No es un título universitario, pero sí es un documento que acredita tu participación en un proceso de formación en incidencia social, feminismos y justicia comunitaria.
Escríbenos. En serio. No hay pregunta demasiado pequeña ni demasiado rara. Estamos aquí exactamente para eso.